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Relat guanyador 2007 - Categoria accèssit Sant Adrià

Autora: Isabel Bonache Rodríguez

A BARCELONA

De madrugada parece que la ciudad despierta y se despereza como si fuera un cuerpo. La gente anda con el alma dormida hacia el metro o los autobuses, mientras aparecen las luces de los coches con timidez y las farolas parpadean dejando entrever los restos de la humedad nocturna. Abre sus enormes ojos, intentando salir del sueño, pero la sensación es equívoca porque, en realidad, la ciudad nunca duerme.

Barcelona es demasiado activa, demasiado densa, demasiado intensa para dormir del todo, será por eso que partes de su anatomía le duelen de puro cansancio, la desgastan poco a poco y sus habitantes no nos damos cuenta del dolor de su suelo y su cielo; los gigantes suelen ser invulnerables.

Vista de lejos, muestra una frialdad fingida que reduce en las distancias cortas, donde pierde su altivez para darse a conocer tal como es: imponentemente frágil, imperfectamente humana, descarnadamente asequible y lejana. Los brazos de un largo exagerado como para poder abrazar, la cara limpia o sucia, según la zona, el cuerpo erguido, los ademanes elegantes, la frente alta, el corazón tan grande que no le cabe en un pecho que se mueve con arritmia, el sexo alborotado, el pensamiento cosmopolita, el orgullo a flor de piel, el sentir a pie de asfalto y de calle, de parque, de contaminación, de prisas, de estrés, de gritos ahogados. Pero la cabeza fría, el carácter templado, la paciencia desarrollada como un sexto sentido y la resignación convertida en credo.

Las tripas se le salen por las noches, cuando los trastos viejos o nuevos se acumulan en las esquinas y hay quien recoge, quien criba, quien rompe o quien aprovecha lo que sobra, quien busca lo que falta, lo que no se ve desde la comodidad y la distancia de un coche confortable, que no deja de ser una casa ambulante. ¡Cuántas casas ambulantes pasan por las calles al lado del que anda, cuánto desconocimiento de la necesidad urbana, cuánta ignorancia de lo que de verdad pasa, de las carencias de la masa humana!. En demasiadas ocasiones todos miramos al resto por encima del hombro, por encima del respectivo poder del que cada cual disfruta, por encima de las posesiones y el estatus personal. “Ya se apañarán”, hoy es el lema. Y mientras tanto, la ciudad va sangrando y nos obliga a sangrar a la vez; no en vano estamos en sus venas.

También se arregla y acicala Barcelona, como para ir de  boda. Su cara guapa es bien guapa, igual que fea es la fea. Tiene lo bueno y lo malo, lo mismo que las personas. Entonces es cuando te aceleras y te sientes parte de la vida común, volviendo a la necesidad primaria de pertenecer a un grupo que todos padecemos y piensas en devolverle lo poco o lo mucho que te da. Te atrae con la misma intensidad que te repele. Agua y fuego, guerra y paz, querer y no querer, odio y amor, dolor sin duelo, pez y anzuelo. Y  te vistes de gala y te regalas, también como para ir de boda, e intentas integrarte en sus costumbres como si no te fueran familiares, paseas por su piel con suavidad, rozándola apenas, sin molestarla, sin que te moleste, olvidando conscientemente el duro día de después, el de volver a correr y dejar de ser especial.

Barcelona te engulle en su estómago aunque a veces te vomite. La anorexia y la bulimia conviven en sus entrañas con una rivalidad parecida a la del infierno y el cielo. Debe ser muy difícil equilibrar las dos dolencias a diario sin que se note casi. Pequeñas sacudidas de ansiedad en su sangre gris y azul. Mitad plebeya, mitad princesa, este gran ente femenino no puede proteger del todo a sus hijos e hijastros. Muchos se le van de las manos dada su numerosidad. Los más sensatos se cuidan solos mezclados con las normas, los impuestos o las hipotecas, a pesar de vivir para pagar. Otros se descarrían en busca de sueños aparentemente imposibles de realizar. Hay quienes se abandonan  o se ven abandonados bajo un puente, tras las puertas de un cajero, en cualquier rincón.

También los tiene que coquetean con las drogas o el alcohol. Y quienes tienen lo mínimo y los que no tienen nada .Llora la ciudad-madre lágrimas secas en las carreteras, húmedas en las fuentes y los aspersores, de cemento en las fachadas de los edificios. No es posible abarcar tanto sin dolor.

Últimamente se duele de los pulmones. Los tiene contaminados porque fuma mucho y porque le desaparecen árboles que siempre la ayudaron a respirar con menos ahogo. El progreso pone su lado negativo en el proceso de avanzar, lo verde se difumina en el papel de fumar de las hierbas de los céspedes, con la tos a cuestas va la madre-ciudad viviendo y sin dejarse llevar por el desánimo.

A pesar de los problemas de salud, ejerce de exquisita anfitriona. Recibe en casa importantes visitas de personalidades varias. Puede entablar relación con jefes de estado, mitos musicales, artistas de renombre internacional, u organizar reuniones, celebraciones, certámenes sin parar. Es una gran dama y se comporta como tal.. Su presencia puede engancharte hasta el punto de querer volver siempre, aunque no bebas agua en la fuente de Canaletas. Con inmensa entereza mira a su alrededor, con esos grandes ojos que clava en los otros ojos más pequeños y ese sostener la vista permanente en el que también la mira, hace que la respetes y la quieras.

Barcelona pasa por tiempos difíciles. Tiempos de intentar ensancharse para que quepamos todos, tiempos de asimilar que los espacios tienen un límite, que está engordando a marchas forzadas aunque luche por mantener el tipo y la silueta. Comida basura, cierto sedentarismo, colesterol ganado con los años, un corazón cansado.

Vive su vida entre excesos voluntarios y restricciones necesarias. Nadie puede cuestionarle su espíritu luchador, su amor propio, ni la defensa de sus férreas convicciones. Despierta muchas envidias sin ser consciente de ello, porque tiene una personalidad peculiar y arrolladora, porque se quiere a sí  misma, que es lo más difícil de conseguir, sobre todo, habiendo sido rebelde desde que nació.
Cierto día, hace ya tantos años, a mí también me sedujo Barcelona. Vine, me quedé y con ella vivo. Nos llevamos bien, creo que nos queremos, aunque últimamente me quejo de muchos de sus defectos y valoro poco sus  muchas virtudes. Noto un distanciamiento, un desencanto, un desgaste, un ya no puedo más de convivencia. Hemos crecido juntas y eso une igual que separa. Hemos de darnos tiempo dicen las parejas, ¿qué tendría yo que decirle a una madre, yo, que tengo la suerte de tener tres: la que me trajo al mundo, Ceuta y Barcelona?. ¿Cómo puedo sincerarme sin ofenderla?. ¿De qué manera le explico que necesito una tregua?.

Dentro de cuatro horas iré hacia el metro. Mi sangre espesa se mezclará con la suya en las arterias subterráneas de la periferia  al centro. Cabecearé en un vagón intentando robarle horas al sueño. Con un poco de suerte, tendré fuerzas para abrir el libro que ahora leo, y si no, buscaré en otras caras la misma inquietud que siento. Todo, para no estar uno solo en este andar forzado, en este caminar desenfrenado, en este diluirse en los fluidos de este amor pasional que muere y mata. Todo, para seguir tirando de la cuerda, evitando que se rompa. Todo, para seguir dudando andando. Todo para seguir.

Sé que dentro de un rato, iba a decir mañana, pensaré en lo que he escrito, y será corregible, criticable e incluso interminable. Por algo sigo aquí. Porque empuja y empujo sin hacer daño a nadie, porque cuando llegué, igual que me gané, me perdí. En las calles desiertas, cruzando a la acera con tu bolsa en la mano, eres  más vulnerable que en el calor seguro de tu casa , y eres tan pequeñito que no te atreves a respirar muy fuerte, para que no te escuche ni el propio silencio que te acompaña siempre, a pesar de los ruidos de la calle. A veces te da miedo, pero eso es vivir. Veintitrés años llevo viviendo con Barcelona y he de reconocer que sin ella, no sería la persona que soy ni hubiese comprendido a la que fui.


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